19 Feb I. El principio. La historia tiene lugar…junto al mar
Bueno, esto es parafraseando el inicio de una película -¿puede ser de otra forma?- de Mariano Ozores, llamada “Las dos y media y… veneno”. Otra más de sus comedias. Porque la historia no tuvo lugar en ningún chalet, aunque sí comienza junto al mar, a muy pocos cientos de metros del puerto de Cartagena, mi más querida ciudad, la trimilenaria como la llaman, donde yo nací. Ese estreno ocurrió el 1 de septiembre de 1959 en el Cine Mariola. La música era del tan prolífico como popular Augusto Algueró, que estuvo casado con la cantante y actriz Carmen Sevilla durante unos años, y compuso canciones de mucho éxito como, por ejemplo “Penélope”, a la que Joan Manuel Serrat dio mucha vida. En la película participaba todo el clan Ozores arropando a Mariano, su director, que era la primera película en donde desarrollaba este cometido (llegaría a dirigir un centenar de películas). José Luis Ozores, Antonio Ozores, Elisa Montés, esposa de Antonio, Emma Penella, hermana de Elisa y, bueno, casi todo quedaba en la familia. Pero, antes, tenemos que hacer un “flashback”.
Hacía poco que había acabado la II Guerra Mundial. Para situarnos. Y yo pasé de ser un bebé a ir cumpliendo mis primeros años y a iniciarme en mi formación escolar. Tengo la idea de que pisé por primera vez un cine sobre los seis años, acompañado por alguno de mis hermanos mayores. Mis padres no eran de cine. Mis padres sí que eran muy aficionados a las corridas de toros. Y solían ir con con algún matrimonio amigo todos los domingos o festivos que se celebraban, que eran bastantes por aquélla época. Poco tiempo después me añadirían a mi a la comitiva. Y, bueno, pues me rondan por la cabeza algunas de las películas con las que me inicié como espectador del llamado séptimo arte. ¿La primera?. Pues pudo ser «Las minas del rey Salomón» (King Solomon’s Mines), Andrew Marton, Compton Bennett, 1950, pero también «Colt 45» (Colt 45), Edwin L. Marin, 1950, «La Cenicienta» (Cinderella), Clyde Geronimi, Hamilton Luske, Wilfred Jackson, 1950, «Ultimátum a la tierra» (The Day the Earth Stood Still), Robert Wise, 1951 o «Montana»
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(Montana), Ray Enright, Raoul Walsh, 1950. Todas, por cierto, buenas películas en su género. He de desmentir inmediatamante, por lo que a mi respecta, que el cine pudiera tener alguna influencia negativa en mi vida, si se hiciera caso a unas citas recogidas de un calendario del año 1947, que el gran escritor cinematográfico (supongo que en plan irónico conociendo su sentido del humor) José Luis Guarner incluía en un librito , «30 años de cine en España», Editorial Kairós, 1971, como «el cine hace perder el respeto a los padres», «el cine enseña y persuade los vicios más abyectos», «el cine es la escuela del crimen», entre otras. Amé y respeté a mis padres desde que tengo memoria hasta que fallecieron. La mayor parte de las cosas buenas que sé me las enseñaron mis padres y también las aprendí en el cine. Jamás he cometido ningún delito. No cita la procedencia, pero creo que me la puedo imaginar.
Divagaré. Seguro. Iré hacia adelante o hacia atrás.
Continuará…
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